Nombre cientifico de una de gato

En el presente estudio, investigamos la capacidad de los gatos domésticos para discriminar las expresiones verbales humanas. Los gatos son sensibles a las diferencias en las características de la voz humana17. Algunos propietarios insisten en que sus gatos pueden reconocer sus propios nombres y las palabras relacionadas con la comida.

Por lo tanto, podemos plantear la siguiente hipótesis: los gatos pueden discriminar las palabras pronunciadas por los humanos de otras palabras, especialmente sus propios nombres, porque el nombre de un gato es un estímulo destacado, ya que puede ser la expresión humana que escuchan con más frecuencia los gatos domésticos mantenidos por los humanos y puede estar asociada a recompensas, como comida, caricias y juegos. Realizamos experimentos en hogares de gatos, utilizando un método de habituación-deshabituación, como en nuestro estudio anterior17. En general, la capacidad de los perros para reconocer expresiones humanas se evalúa mediante tareas de mando y recuperación31,36 .

Estas tareas requieren un entrenamiento previo, y el adiestramiento de los gatos para que actúen a la orden requeriría mucho esfuerzo y tiempo. Por otro lado, el método de habituación-deshabituación nos permitió medir las reacciones naturales de los gatos durante una sola visita, sin necesidad de un gran entrenamiento. Para probar la hipótesis, presentamos cuatro palabras diferentes en serie como estímulos de habituación, y luego presentamos los propios nombres de los gatos como estímulos de prueba.

Si los gatos estaban habituados a las otras 4 palabras y deshabituados a sus propios nombres, se observaría una respuesta de rebote a la presentación de sus propios nombres, indicando la capacidad de discriminar sus propios nombres de otras palabras. Llevamos a cabo cuatro experimentos para comprobar la hipótesis. En el Experimento 1, investigamos si los gatos pueden discriminar sus propios nombres de los sustantivos generales con la misma longitud y acentos que sus propios nombres.

Si los gatos pueden discriminar sus propios nombres de otras palabras utilizando características fonéticas distintas de la longitud o el acento de los estímulos, los gatos habituados a las otras 4 palabras deberían mostrar deshabituación al escuchar sus propios nombres. Los gatos de prueba vivían o bien sin otros gatos o bien con un pequeño número de otros gatos. En este experimento, aunque igualamos la familiaridad de los nombres, la familiaridad relativa de los nombres y de otros sustantivos era notablemente diferente, es decir, los gatos oían sus propios nombres con más frecuencia que otros sustantivos.

Por lo tanto, los gatos discriminaban sus propios nombres dependiendo tanto de las características fonéticas como de la familiaridad. En el Experimento 2, investigamos la capacidad de los gatos para discriminar sus propios nombres de los de otros gatos, utilizando gatos que vivían con otros 4 o más gatos. Se puede suponer que los gatos de prueba estaban expuestos a los nombres de los otros gatos, asà como a sus propios nombres; los estÃmulos se prepararon utilizando los nombres de los gatos que convivÃan.

A continuación, en el Experimento 3, examinamos los efectos de los entornos de convivencia de varios gatos sobre la discriminación de los nombres generales y los nombres propios de los gatos, de forma similar al Experimento 1. En los Experimentos 2 y 3, probamos gatos tanto de hogares ordinarios como de un “cat caféâ€, un establecimiento comercial donde los visitantes pueden interactuar libremente con los gatos. En los Experimentos 1 a 3, los estímulos utilizaron las propias voces de los dueños de los gatos, porque éstos muestran una marcada respuesta a la voz de sus dueños17.

Sin embargo, esto deja abierta la posibilidad de que los gatos puedan discriminar sus propios nombres sólo cuando sus dueños los pronuncian. Por lo tanto, en el Experimento 4, probamos si los gatos pueden discriminar sus propios nombres de los sustantivos generales incluso cuando los pronuncian personas desconocidas; si mostraron la capacidad de discriminación en este experimento, podríamos pensar que reconocen sus propios nombres basándose en las características fonéticas comunes de los pronunciamientos verbales humanos. El nombre trinomial del gato doméstico es Felis silvestris catus.

Se cree que su ancestro predoméstico más cercano es el gato salvaje africano, Felis silvestris lybica. Los humanos han desarrollado varias docenas de razas de gatos, de diversos colores. Los gatos han vivido en estrecha asociación con los humanos desde hace al menos 9.500 años.

Existen leyendas y mitos sobre el gato en muchas culturas, desde los antiguos egipcios y chinos hasta los vikingos. Han sido tanto venerados como vilipendiados por diferentes culturas. Los gatos utilizan más de cien vocalizaciones y tipos de lenguaje corporal para comunicarse, como el maullido o miau, el ronroneo, el siseo, el gruñido, el gorjeo, el chasquido y el gruñido.

Incluso se ha observado que los gatos imitan el canto de los pájaros. Un grupo de gatos se denomina «clowder», un gato macho se llama «tom» y una hembra se llama «queen». El progenitor masculino de un gato, especialmente el de raza, es su padre, y su progenitora femenina es su madre.

Un gato inmaduro se llama gatito, que también es un nombre alternativo para ratas jóvenes, conejos, erizos, castores, ardillas y mofetas. En la Gran Bretaña medieval, la palabra gatito era intercambiable con la palabra catling. Un gato cuya ascendencia está formalmente registrada se denomina gato de raza, gato de raza pura o gato de exposición, aunque no todos los gatos de exposición son de raza o pedigrí.

En términos estrictos, un gato de raza pura es aquel cuya ascendencia contai